Art K. Wends escribió:
Perro vegetariano? cuente, cuente, por favor....
Esto lo relata la esposa de Sam (cariñosamente la 'negra') en la entrevista "Litelantes en España":
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-"Mire 'negra', si usted va a comer la carne, se la come a escondidas, no delante de los hermanitos gnósticos". Le dije yo:
-"¡Tú estás loco! Si no me puedo esconder de Dios, ¿cómo me voy a esconder de unos humanos que hacen peores cosas?, ¿por qué? Yo no voy a dejar de llenar mi estómago de carne para debilitarme; así que yo como delante del que sea...".
-"Pero le van a decir carnívora" (le decía el Maestro).
-"Y a mí qué me importa. Mi pedazo no me lo quitan y yo no les voy a pedir a ellos; eres tú que me tienes que sostener". Yo comía carne, y el pobre me miraba y yo le decía:
-"Y tú te vas a morir".
¿Qué hizo él? Escribió un libro en contra de la carne, de los que comían carne... Compré un perro; me lo hizo vegetariano. El pobre perro se dedicó a comer grillos y se murió. Le dije:
-“Ya mataste a un perro y detrás te vas a ir tú".
Caminaba media cuadra y ¡pum!, se quitaba la camiseta y la escurría, y háganse cuenta que la dejaba en agua. Y se sentaba con la lengua fuera...
-"Ahí van comenzando los fanáticos -le decía yo, ahí mismo-. Mira, tú eres un fanático y todo esto te está matando".
-"Ay, 'negra', sí me siento muy mal. Bueno, mañana va y me compra algo con que sostenerme en pie".
Le compré una gallina, unas patas de res, cola, pescuezo, pancita -lo que llaman "menudo", o como entiendan ustedes- y le hice una comida ahí, grande, con una gallina vieja. Eso lo puse a cocer hasta que se deshizo y quedó un caldito; toda esa carne se consumió en un litro de caldo, y cada media hora le daba una copita de ese caldo. El hombre sudaba... y decía:
-"Negra, ya estoy reviviendo".
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