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EL DALAI LAMA DEVELADO : Gurús Develados
  
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 Asunto: EL DALAI LAMA DEVELADO
NotaPublicado: Dom Sep 01, 2013 5:53 pm 
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Cuando gobernaron los Dalai Lama: Un infierno en la tierra (I)

Primera parte de una serie de artículos de 1998

Quizás los que mejor describen en castellano - haciendo abstracción de sus incisos ideológicos - la realidad del Tibet y del Dalai Lama: Ser mujer: ¿Prueba de pecados en una vida anterior?

Clima cruel, sociedad despiadada

Tibet es uno de los lugares más remotos del planeta.

Está ubicado en una meseta en el corazón de Asia, separado del sur de Asia por los Himalayas, las más altas montañas del mundo.

Un sinnúmero de desfiladeros y seis cordilleras dividen la región en valles aislados.

Antes de la Revolución, China de 1949, no existía ni un solo camino en Tibet para vehículos de ruedas.

La única manera de viajar por los tortuosos y peligrosos caminos montañosos era en mula, a pie o en yak (animales de montaña que parecen vacas peludas).

El comercio, las comunicaciones y el gobierno central eran casi inexistentes.

En la mayor parte de Tibet no crecen árboles por el clima, la altura y porque hay poco oxígeno.

Casi nada crece en tal clima.

Era una dura lucha cultivar comestibles y encontrar leña.

En el momento de la revolución, la población de Tibet estaba muy dispersa.

Dos o tres millones de personas vivían en un territorio que tenía la mitad del tamaño de Estados Unidos: 3,9 millones de km cuadrados.

Las aldeas, monasterios y campamentos nómadas estaban separados por un arduo recorrido de varios días.

Los revolucionarios maoístas vieron "Tres grandes carencias" en el viejo Tibet: la falta de combustible, la falta de comunicaciones y la falta de gente.

Pero esas "Tres grandes carencias" no se debían a la situación física sino, principalmente, al sistema social.

Los maoístas decían que la causa de las "Tres grandes carencias" eran las "Tres abundancias": "una abundancia de pobreza, una abundancia de opresión y una abundancia de temor a lo sobrenatural".

La sociedad de clases en el viejo Tibet

El viejo Tibet (de antes de las transformaciones revolucionarias que empezaron en 1949) era una sociedad feudal.

Existían dos principales clases: los siervos y los aristócratas propietarios de siervos.

Los tibetanos vivían como los siervos de la Edad Media en Europa, o los esclavos y los aparceros africanos en el Sur de Estados Unidos.

Los siervos cosechaban cebada en la dura tierra con arados y hoces de madera.

Criaban cabras, ovejas y yaks para obtener leche, queso y carne.

Los aristócratas y lamas de los monasterios era dueños de los siervos, la tierra y la mayoría del ganado.

Obligaban a los siervos a darles la mayor parte de los cereales y los sometían a muchas clases de trabajo forzado (llamado ulag).

Los siervos, tanto hombres como mujeres, participaban en el trabajo más duro y en el ulag.

Los pueblos nómadas de la árida zona occidental también eran propiedad de la nobleza.

El hermano mayor del Dalai Lama, Tubten Jigme Norbu, afirma que en el orden social lamaísta "no hay un sistema de clases y la movilidad entre las clases hace imposible el prejuicio clasista".

Pero la mera existencia de esa orden religiosa se basaba en un sistema de clases rígido y cruel.

A los siervos los trataban como "inferiores" odiados, tal como los esclavistas trataban a los afrodescendientes en el Sur de Estados Unidos.

No podían usar los mismos asientos, palabras ni utensilios de cocina que sus dueños.

Los castigaban con latigazos si tocaban alguna cosa del propietario.

Los dueños y los siervos estaban tan alejados el uno del otro que en muchas partes hablaban distintos idiomas.

Cuando un noble iba a montarse en un caballo, un siervo debía ponerse de manos y rodillas y servirle de escalón.

El experto en Tibet A. Tom Grunfeld relata que una hija de la clase dominante hacía que sus siervos la alzaran para subir y bajar las escaleras por pura indolencia.

Los dueños cruzaban los riachuelos montados en la espalda de sus siervos.

La única posición peor que la de un siervo en Tibet era la de un esclavo, que ni siquiera tenía el derecho de cultivar una parcela.

A los esclavos los golpeaban, no les daban comida y los mataban de trabajo.

Un señor podía esclavizar a un siervo a gusto.

En la capital Lhasa, compraban y vendían niños.

Un 5% de la población eran esclavos y por lo menos otro 10% eran monjes pobres, que en realidad eran "esclavos en hábitos".

El sistema lamaísta bloqueaba toda tentativa de huir.

Los siervos que habían escapado no podían cultivar en las grandes tierras baldías del campo.

Unos siervos emancipados le explicaron a la escritora Anna Louise Strong que antes de la liberación "no se podía vivir en Tibet sin amo. Cualquier persona podía agarrar como criminal a quien no tenía dueño".

Ser mujer: ¿Prueba de pecados en una vida anterior?

El Dalai Lama escribió: "En Tibet no había discriminación contra la mujer".

Su biógrafo oficial, Roger Hicks, dice que la mujer vivía contenta con su posición social y "ejercía influencia en su marido".

Pero en Tibet, pensaban que ser mujer era castigo por el comportamiento "impío" (pecaminoso) durante una vida anterior.

La palabra "mujer", kimen, significaba "nacido inferior".
Las mujeres tenían que rezar: "Que abandone este cuerpo femenino y renazca como varón".

La superstición lamaísta asociaba a la mujer con el mal y el pecado.

Se decía que "de diez mujeres nueve son diablas".

Consideraban que cualquier cosa que tocaba una mujer se dañaba, así que les imponían toda clase de tabúes, por ejemplo, tocar las medicinas.

La escritoria Han Suyin escribío: "No permitían a ninguna mujer tocar las pertenencias de un lama, ni podía erigir una pared, o 'la pared se caerá. Una viuda era despreciable, y era una diabla. No permitían a las mujeres tocar el hierro ni usar instrumentos de hierro. La religión les impedía levantar sus ojos más allá de la rodilla de un hombre, de la misma manera que los siervos y esclavos no podían levantar los ojos al nivel de la cara de la nobleza o los grandes lamas".

Los monjes de la principal secta budista tibetana rechazaban las relaciones íntimas (e incluso el contacto) con las mujeres, para alcanzar la santidad. Antes de la revolución, ninguna mujer había entrado a la mayoría de los principales monasterios o palacios del Dalai Lama.

Era común quemar a las mujeres por ser "brujas", a menudo porque practicaban la medicina tradicional o los rituales de la religión tradicional prebudista (conocida como bon).

Dar a luz a gemelos era prueba de que una mujer había copulado con un espíritu malo y en las zonas rurales era común quemar a la madre y los gemelos recién nacidos.

Como en otras sociedades feudales, a las mujeres de las clases altas las vendían en matrimonios arreglados.

El esposo podía, según la costumbre, cortar la punta de la nariz de su esposa si descubría que se había acostado con otro hombre.

Otras costumbres patriarcales eran la poligamia (en que un hombre adinerado podía tener muchas esposas) y, entre la nobleza con poca tierra, la poliandria (en que una mujer tenía que ser la esposa de varios hermanos a la vez).

Para las clases de abajo, la vida familiar era semejante a la esclavitud en el Sur".

Los siervos no podían casarse ni salir de una finca sin el permiso del amo.

Además, los amos trasladaban a los siervos de una finca a otra a su gusto, separando familias para siempre.

La violación de las siervas era una práctica común: bajo el sistema ulag, un amo podía solicitar "esposas provisionales".

Los tres amos

El pueblo tibetano llamaba a sus gobernantes los "Tres grandes amos" porque la clase dominante de propietarios de siervos estaba organizada en tres instituciones: los monasterios de los lamas poseían el 37% de las tierras cultivables y de pastoreo; la nobleza secular poseía otro 25%; y el 38% que quedaba le pertenecía a los funcionarios del gobierno nombrados por los altos asesores del dios-rey, el Dalai Lama.

Alrededor del 2% de la población lo formaba la clase alta, y el 3% eran sus agentes, capataces, administradores de sus fincas y comandantes de sus ejércitos privados.

Los gerba, una élite pequeñísima de 299 familias, estaban en la cima del sistema.

Han Suyin escribió: "Solo 626 personas poseían el 93% de las tierras y de la riqueza nacional y el 70% de los yaks en Tibet.
Entre ellos estaban los 333 cabezas de monasterios y autoridades religiosas, y las 287 autoridades seculares (contando la nobleza del ejército) y seis ministros del gabinete".

Los comerciantes y artesanos también pertenecían a un propietario.

Una cuarta parte de la población de Lhasa sobrevivía pidiendo limosna a los peregrinos religiosos.

No había industria moderna ni clase trabajadora.

Tenían que importar hasta los cerillos y los clavos.

Antes de la revolución, nadie recibía salario por su trabajo.

El núcleo de este sistema era la explotación.

Los siervos trabajaban 16 ó 18 horas al día para enriquecer a su dueño y se quedaban con solo un cuarto de lo que cultivaban.

A. Tom Grunfeld escribió: "Las fincas eran muy lucrativas. Un antiguo aristócrata dijo que una 'pequeña' finca típica tenía miles de ovejas, mil yaks, un número no determinado de nómadas y 200 siervos agrícolas. La producción anual constaba de más de 36.000 kg de cereales, más de 1800 kg de lana y casi 500 kg de mantequilla.... Los funcionarios del gobierno tenían 'poderes sin límite de exacción' y podían acumular una fortuna con sobornos para no meter a la cárcel o multar.... Además podían extraer dinero de los campesinos más allá de los impuestos oficiales".

Los propietarios de siervos eran parásitos.

Un observador, Sir Charles Bell, describió a un funcionario típico: pasaba una hora al día cumpliendo sus deberes oficiales.

En sus fiestas, la clase alta pasaba día tras día comiendo, en el juego y la holgazanería.

Los lamas aristócratas nunca trabajaban.

Pasaban los días cantando, memorizando el dogma religioso y en la indolencia.

Los monasterios: plazas fuertes del feudalismo

Los defensores del viejo Tibet pintan al budismo lamaísta como la esencia de la cultura del pueblo tibetano.

Pero en realidad era la ideología de un sistema social opresivo específico.

La religión lamaísta en sí tenía exactamente la misma edad que la sociedad feudal.

El primer rey tibetano, Songsten-gampo, estableció un sistema feudal unificado en Tibet alrededor del año 650 d.C. y se casó con princesas de China y Nepal para aprender de ellas las prácticas feudales de fuera de Tibet.

Esas princesas llevaron el budismo tantrista a Tibet, donde se unió con las antiguas creencias animistas y creó una nueva religión, el lamaísmo.

Durante el siguiente siglo y medio, la clase dominante le impuso la nueva religión al pueblo a la fuerza.

El rey Trosong Detsen decretó: "Al que muestre su dedo a un monje se le cortará el dedo; al que hable mal de los monjes o de la política budista del rey se le cortarán los labios; al que los mire con recelo se le sacará el ojo...". (Grunfeld, p.33)

Entre el siglo 15 y el siglo 17, ocurrió un reajuste sangriento del poder.

Los abades de los mayores monasterios consolidaron su Poder.
Como por desprecio a la mujer practicaban el celibato, no podían basar su sistema político en la sucesión hereditaria de padre a hijo y crearon una nueva doctrina para su religión: anunciaron que podían identificar a los recién nacidos que eran reencarnaciones de los lamas gobernantes que habían muerto.

Declararon que centenares de altos lamas eran "budas vivientes", quienes supuestamente habían gobernado durante siglos, cambiando de cuerpo de vez en cuando.

Decían que el símbolo central de este sistema, el Dalai Lama, era el Buda tibetano Chenrezig, quien había reaparecido en 14 cuerpos en el curso de los siglos.

De hecho, solo tres de los 14 Dalai Lama gobernaron.

Entre 1751 y 1950, el 77% del tiempo no hubo un Dalai Lama adulto en el trono.

Los abades más poderosos gobernaban como asesores "regentes" que enseñaban, manipulaban y hasta asesinaban a los Dalai Lama cuando eran niños.

Los monasterios no eran paraísos sagrados de compasión, como dicen sus defensores hoy.

Eran oscuras fortalezas de explotación feudal, pueblos armados de monjes con almacenes militares y ejércitos privados.

Los peregrinos iban a los santuarios para suplicar una vida mejor, pero la principal actividad de los monasterios era robar a los campesinos vecinos.

Los monjes cultivaban muy poca comida; alimentarlos era una gran carga para el pueblo.

En los mayores monasterios vivían miles de monjes.

Cada monasterio "padre" creaba docenas (y hasta centenares) de pequeñas plazas fuertes esparcidas por los valles.

Por ejemplo, el gran monasterio de Drepung (con 7000 monjes) era propietario de 40.000 personas en 185 fincas con 300 prados de pastoreo.

Los monasterios también imponían un sinnúmero de impuestos religiosos para robar al pueblo: impuestos por cortarse el pelo, impuestos por poner nuevas ventanas y umbrales, impuestos por niños recién nacidos o terneros, impuestos por niños nacidos con dobles párpados...y así sucesivamente.

Una cuarta parte del ingreso de Drepung provenía de intereses del dinero prestado a los campesinos.

Además, los monasterios exigían que los campesinos les entregaran muchos varones para servir como niños-monjes.

Las relaciones de clase de Tibet se reproducían dentro de los monasterios: la mayoría de los monjes eran esclavos y siervos de los altos abades y vivían medio hambrientos, trabajando como peones y rezando; los golpeaban rutinariamente.

Los altos monjes podían obligar a los monjes pobres a tomar sus exámenes religiosos o a ofrecerles servicios sexuales. (En las sectas más poderosas, consideraban la homosexualidad como una prueba de haber mantenido la debida distancia sagrada de la mujer.)

Un pequeño porcentaje del clero eran monjas.

Después de la liberación, Anna Louise Strong le preguntó a un joven monje, Lobsang Telé, si la vida en el monasterio seguía las enseñanzas budistas de la compasión.

El joven lama respondió que en las salas de la Escritura había oído hablar mucho de la bondad hacia todas las criaturas del mundo, pero que a él lo habían azotado por lo menos mil veces. "Si un lama de la clase alta se abstiene de pegarnos", le dijo a Strong, "eso ya es bueno. Nunca vi a uno de ellos darle comida a un lama pobre que tenía hambre. A los laicos creyentes los trataban igual o peor".

Hoy le dicen al mundo que el Dalai Lama es un hombre sagrado a quien no le interesan las cosas materiales.

La verdad es que fue el mayor dueño de siervos de Tibet.

Conforme a la ley, era dueño de todo el país y sus habitantes.

En la práctica, su familia controlaba 27 fincas, 36 prados, 6170 siervos de campo y 102 esclavos domésticos.

Cuando se mudaba de palacio a palacio, el Dalai Lama iba sentado en un trono cargado por decenas de esclavos.

Sus tropas lo acompañaban cantando la canción “It's a Long Way To Tipperary” (una canción que aprendieron de sus maestros imperialistas de la Gran Bretaña).

A lo largo del camino, los guardaespaldas del Dalai Lama, cada uno de cuales medía más de dos metros, llevaba hombreras protectoras, la cara pintada de negro y largos látigos, azotaban a todos los que se encontraran de por medio.

Eso se describe en la autobiografía del Dalai Lama.

Cuando huyó la primera vez a la India en 1950, el Dalai Lama y sus asesores huyeron con cientos de mulas cargadas de barras de oro para vivir confortablemente en el exilio.

La segunda vez que huyó en 1959, Pekín informó que su familia dejó mucho oro y plata, junto con 20.331 joyas y 14.676 prendas de vestir.

Gran miseria, corta vida

El pueblo vivía con constante frío y hambre.

Los siervos debían recoger leña para sus amos, mientras que en su choza se calentaban apenas con fogatas que hacían del estiércol del yak para cocinar.

Antes de la liberación no había electricidad en Tibet; solo contaban con la luz mortecina de las lámparas con aceite animal.

Muchos siervos se enfermaban a causa de desnutrición.

El plato tradicional es un potaje hecho de té, mantequilla de yak y harina de cebada que se llama tsampa.

Los siervos casi nunca probaban carne.

Una investigación de 1940 encontró que en el este de Tibet el 38% de los hogares nunca tenían té; solo tomaban una bebida de hierbas que encontraban o "té blanco" (agua caliente).

En ocasiones, el 75% de las familias se veían obligadas a comer pasto; la mitad de la población no tenía para comprar mantequilla, que era la principal fuente de proteínas.

Mientras tanto, en el antiguo Monasterio Jokhan, quemaban como ofrecimiento religioso cuatro toneladas de mantequilla de yak por día.

Se calcula que un tercio de la mantequilla del país la quemaban en 3000 templos, sin contar los altares de las viviendas particulares.

En el viejo Tibet, la gente no sabía nada de higiene, sanidad, ni que los microbios causan enfermedades.
La gente común y corriente no tenía baños, alcantarillado ni retretes.
Los lamas enseñaban que las enfermedades y la muerte se debían a la "impiedad" pecadora; decían que la única manera de prevenir las enfermedades era rezar, obedecer, pagar dinero a los monjes y tragarse rollos de escritura.

Las antiguas supersticiones, las costumbres feudales y el bajo nivel de las fuerzas productivas causaban mucho sufrimiento y enfermedades.

La mayoría de los recién nacidos morían antes de cumplir un año.

Incluso la mayoría de los Dalai Lama moría antes de llegar a los 18 años de edad, cuando debían ser coronados.

La viruela afectaba a una tercera parte de la población.

Una epidemia de viruela en 1925 mató a 7000 personas en Lhasa; no se sabe cuántos murieron en el campo.

La lepra, la tuberculosis, el bocio, el tétano, la ceguera y las úlceras eran muy comunes.

Las feudales costumbres sexuales difundían enfermedades venéreas (incluso en los monasterios), que antes de la revolución infectaban al 90% de la población y causaban esterilidad y muerte.

Después, bajo la dirección de Mao Tsetung, la revolución disminuyó las enfermedades, pero para ello se necesitó una intensa lucha de clase contra los lamas y sus supersticiones religiosas.

Los monjes se opusieron a los antibióticos y a las campañas de salud pública.

¡Decían que era pecado matar a los piojos o a los microbios!

También criticaron al Ejército Popular de Liberación por eliminar a los perros rabiosos que aterrorizaban a la población.

¡Hasta la fecha, una de las "acusaciones" contra la revolución maoísta es que "mata perros"!

La violencia de los lamas

En el viejo Tibet, las clases altas predicaban la mística idea budista de no cometer violencia.

Pero al igual que todas las clases dominantes de la historia, ellas cometían violencia reaccionaria para mantenerse en el Poder.

El sistema de gobierno de los lamas se forjó en medio de ríos de sangre.

Se dice que los lamas asesinaron al último rey de Tibet, Lang Darma, en el siglo 10.

Después siguieron siglos de guerras civiles con masacres de monasterios enteros.

En el siglo 20, el decimotercer Dalai Lama pidió a los imperialistas británicos que modernizaran su ejército; también les ofreció soldados para luchar en la I Guerra Mundial.

Esos hechos bastan para comprobar que la doctrina lamaísta de "compasión" y "no violencia" no es más que hipocresía.

La antigua clase dominante niega que hubiera lucha de clases en el viejo Tibet.

Un informe típico dice: "Antes de 1950, nunca hubo hambruna y las injusticias sociales nunca llevaron a un levantamiento popular". [De "An Historical Overview", un ensayo de la colección The Anguish of Tibet, escrito por Gyaltsen Gyaltag, un representante del Dalai Lama en Europa.]

Es cierto que hay muy poco escrito sobre la lucha de clases, pero eso se debe a que los lamas impedían que se escribiera la historia y solo permitían registrar desacuerdos sobre el dogma religioso.

Pero las montañas de Tibet estaban llenas de bandidos y cada finca tenía su propio ejército.

Eso demuestra que una constante lucha, a veces abierta, a veces clandestina, caracterizaba la sociedad de Tibet y sus relaciones de Poder.

Los historiadores revolucionarios han documentado levantamientos campesinos en 1908, 1918, 1931 y en los años 40.

Durante el levantamiento de 1918, se levantaron 150 familias del condado Thridug, al norte, dirigidas por una mujer y bajo la consigna: "¡Abajo los funcionarios! ¡Abolir el trabajo forzado ulag!"

La violencia diaria del antiguo Tibet se dirigía contra las masas populares.

Cada propietario castigaba a "sus" siervos y organizaba grupos armados para proteger su poder.

Escuadrones de monjes llamados "barras de hierro" golpeaban al pueblo con fierros.

"Salirse de su puesto" era un crimen, por ejemplo, pescar o cazar borregos salvajes, que los lamas consideraban "sagrados".

También era criminal pedirle ayuda a otra autoridad contra una injusticia del dueño de uno.

Cuando los siervos se escapaban, los grupos armados del dueño los perseguían.

Cada finca tenía su propio calabozo y cámara de tortura.

Les metían pimienta en los ojos y clavos debajo de las uñas.

A veces les ponían cadenas cortas en las piernas y los soltaban para que anduvieran cojeando el resto de la vida.

Grunfeld escribe: "Las creencias budistas no permiten matar. Pero si golpeaban a alguien a punto de matarlo y luego lo soltaban para que muriera en otra parte, podían decir que su muerte fue decisión divina. Otros métodos salvajes de castigo eran cortar las manos; sacar los ojos con fierros calientes; colgar de los pulgares; lisiar; meter en un saco y tirar al río".

Como muestra de su poder, por tradición, los lamas usaban restos de cuerpos humanos en sus ceremonias: flautas hechas del fémur, hueso del muslo, cuencos hechos de la parte superior del cráneo, tambores de piel, etc.

Después de la revolución, en el palacio del Dalai Lama se encontró un rosario hecho de 108 cráneos.

Después de la liberación, por todo el Tibet los siervos informaron que los lamas hacían sacrificios humanos; por ejemplo, enterraban vivos a niños donde iban a construir un monasterio.

Contaron que en 1948 sacrificaron a por lo menos 21 personas con la esperanza de impedir la victoria de la revolución maoísta.

Justifican la opresión con el dogma del karma

La creencia principal del lamaísmo es la reencarnación y el karma.

Según el karma, cada ser recibe una vida merecida; la buena conducta crea un buen karma, que lleva a mejorar el status social en la próxima vida.

La mala conducta crea mal karma y en la próxima vida uno puede ser un insecto.

Pero en Tibet, la creencia en la reencarnación tenía terribles consecuencias.

Los que creen que el misticismo de Tibet es interesante, necesitan ver la función social que tenían esas creencias dentro de Tibet; el budismo lamaísta se creó, se implantó y se perpetuó para imponer una extrema opresión feudal.

Los lamaístas de hoy cuentan la historia de un antiguo rey que intentó cerrar la brecha entre los ricos y los pobres pero no pudo.

Le preguntó a un sabio religioso por qué no podía.

"Se dice que el sabio le explicó que la brecha entre los ricos y los pobres no se puede cerrar a la fuerza, porque las condiciones de la vida actual son siempre las consecuencias de las acciones de la vida anterior y, por lo tanto, no es posible cambiar el curso de la vida por la fuerza de la voluntad".

Grunfeld escribe: "Desde un punto de vista puramente secular, esta doctrina debe considerarse una de las formas más ingeniosas y nocivas de control social que se haya inventado. Para el tibetano común y corriente, aceptar esa doctrina significaba aceptar la idea de que es imposible cambiar su destino. Si uno nacía esclavo, según la doctrina del karma no era culpa del esclavista sino su propia culpa por haber cometido delitos en una vida anterior. A su vez, la vida privilegiada del esclavista era la recompensa que este recibía por lo que hizo en una vida anterior. Así pues, el que intentara romper las cadenas de su presión se condenaba a sí mismo a una vida futura peor de la que ya padecía. Evidentemente, no son ideas que llevan a la revolución...".

Los abades-lamas feudales de Tibet enseñaban que el lama principal es un ser divino, una combinación de Buda - rey, cuyo gobierno y sistema lo dicta la ley natural del universo.

Esos mitos y supersticiones enseñan que no puede haber cambios sociales, que el sufrimiento se justifica y que para no sufrir más uno tiene que tolerar el sufrimiento en esta vida y que la recompensa la tendrá en su próxima existencia.

Eso es casi lo mismo que enseñaba la iglesia católica en la Europa medieval para defender un sistema feudal similar.

Así como en la Europa medieval, los feudalistas de Tibet luchaban para suprimir todo lo que pudiera socavar su cerrado sistema.

Todos los observadores están de acuerdo en que antes de la revolución maoísta en Tibet no había periódicos, revistas, libros, radios ni escritos de ninguna clase que no fueran religiosos.

Las masas creaban folclor, pero el lenguaje escrito se reservaba para el dogma y las disputas de la religión.

El único periódico en el idioma de Tibet lo publicaba en Kalimpong un cristiano, y la única fuente de noticias del extranjero eran los viajeros y unos pocos radios de onda corta pertenecientes a miembros de la clase alta.

Las masas y probablemente a la mayoría de los monjes los mantenían analfabetos.

La educación, las noticias de afuera y la experimentación se consideraban sospechosas y malvadas.

Los defensores del lamaísmo nos quisieran hacer creer que esa religión era la esencia de la cultura (y de la existencia) del pueblo tibetano.

No es así.

Como todas las cosas de la sociedad y la naturaleza, el budismo lamaísta tuvo un comienzo y tendrá un fin.

Antes del lamaísmo había cultura e ideología en Tibet.

Esa cultura e ideología feudales surgieron con la explotación feudal.

Era inevitable que la cultura lamaísta terminara junto con esas relaciones feudales.

De hecho, cuando llegó la revolución maoísta en 1950, el sistema ya se estaba pudriendo.

Incluso el Dalai Lama admite que la población estaba en descenso.

Hace mil años, cuando se introdujo el budismo, se calcula que Tibet tenía unos 10 millones de habitantes; para cuando llegó la revolución maoísta solo quedaban unos dos o tres millones.

Los maoístas calculan que la disminución se estaba acelerando, de modo que en los últimos 150 años la población se redujo a la mitad.

La superexplotación del sistema lamaísta agobiaba al pueblo.

Lo obligaba a mantener a un enorme clero parasítico de 200.000 personas que no producían nada y absorbían el 20% o más de los hombres.

El sistema impedía el desarrollo de las fuerzas productivas: no permitía usar arados de hierro, excavar carbón para combustible, pescar, cazar ni hacer innovaciones médicas o sanitarias de ningún tipo.

El hambre, la esterilidad por enfermedades venéreas y la poliandria bajaban los nacimientos.

El velo místico del lamaísmo no puede ocultar que la vieja sociedad tibetana era una dictadura feudal.

No tenía nada de romántico ni de espiritual.

¡Los siervos y esclavos necesitaban una revolución!

Fuentes:

The Anguish of Tibet, ed. Petra Kelly, Gert Bastian y Pat Aeillo, Parallax Pres, Berkeley, 1991. Una colección de ensayos a favor del lamaísmo. Avedon, John F. "In Exile from the Land of Snows", en The Anguish of Tibet. Avedon, autor y periodista de la revista Newsweek, es un apologista destacado del lamaísmo. Dalai Lama, Freedom in Exile--The Autobiography of the Dalai Lama, Harper Collins, 1990. Grunfeld, A. Tom, The Making of Modern Tibet, Zed Books, 1987. Grunfeld, A. Tom, "Tibet: Myths and Realities", New China, otoño de 1975. Gyaltag, Gyaltsen, "An Historical Overview", en ensayo publicado en The Anguish of Tibet. Gyaltsen Gyaltag es un representante del Dalai Lama en Europa. Han Suyin: Lhasa, the Open City--A Journey to Tibet, Putnam, 1977. Hicks, Roger, Hidden Tibet--The Land and its People, Element Books, Dorset, 1988. China Reconstructs, "Tibet--From Serfdom to Socialism", marzo de 1976. Pekín Informa, "Tibet's Big Leap--No Return to the Old System", 4 julio 1975.Obrero Revolucionario. 15 de febrero de 1998 Extractado por La Haine

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Dalai Lama, la CIA y sus siervos esclavos
Escrito por Jose Agapito Ramirez joseagaporam@gmail.com

A raíz de que el Dalai Lama recibió del gobierno estadounidense la más alta condecoración (Medalla de Oro del Congreso), el gobierno chino se sintió ofendido y protestó la doble moral del gobierno de Bush, por haberle otorgado a un traidor y agitador, que como refugiado político, se dedica a actividades secesionistas bajo el disfraz de la religión.

Las religiones han tenido una estrecha relación no sólo con la violencia sino también con la explotación económica. Por cierto, es a menudo la explotación económica la que necesita la violencia. Así fue con la teocracia tibetana, hasta 1959, cuando el Dalai Lama presidió por última vez el gabinete laico del Tibet.

Donde la mayor parte de la tierra arable seguía organizada en propiedades señoriales religiosas o laicas, trabajadas por siervos.

Incluso un escritor como Pradyumna Karan, simpatizante del antiguo orden, admite que “una gran parte de los bienes raíces pertenecía a los monasterios, y la mayoría de estos amasó inmensas fortunas... Además, monjes individuales y lamas pudieron acumular grandes riquezas mediante su participación activa en el comercio, los negocios y los préstamos de dinero.”

La riqueza de los monasterios beneficiaba a los lamas de rango superior, muchos de los cuales eran vástagos de familias aristocráticas, mientras que la mayoría del clero inferior era tan pobre como la clase campesina de la que provenía. Esta desigualdad económica, determinada por la clase, dentro del clero tibetano, era muy parecida a la del clero cristiano en Europa medieval. Junto con el clero superior, se beneficiaron los dirigentes laicos. Un ejemplo notable fue el comandante en jefe del ejército tibetano, que poseía 4.000 kilómetros cuadrados de tierra y 3.500 siervos. También era miembro del gabinete laico del Dalai Lama.

El gabinete laico tenía un ejército profesional, aunque pequeño, que servía de gendarmería para que los terratenientes mantuvieran el orden y capturaran a los siervos escapados. A menudo arrebataban a jóvenes muchachos tibetanos a sus familias y los llevaban a los monasterios para que fueran preparados para ser monjes. Una vez que se encontraban allí, quedaban obligados de por vida.

Un monje, Tashí-Tsering, informa que era práctica común en los monasterios que los niños campesinos sufrieran abusos sexuales. Él mismo fue víctima de repetidas violaciones cuando niño al poco tiempo de ser llevado al monasterio a los nueve años.

Las propiedades monásticas también reclutaban a niños campesinos para la servidumbre de por vida como empleados domésticos, danzarines y soldados.

Durante todos los años 60 la comunidad tibetana exiliada se embolsó secretamente 1,7 millones de dólares al año de la CIA, según documentos publicados por el Departamento de Estado en 1998.

Una vez publicado este hecho, la propia organización del Dalai Lama publicó una declaración en la que admitió que hubo millones de dólares de la CIA durante los años 60 para enviar escuadrones armados a Tibet a fin de debilitar la revolución maoísta.

La parte anual del Dalai Lama fue 186.000 dólares, convirtiéndolo en un agente a sueldo de la CIA.

La inteligencia india también lo financió así como a otros exiliados tibetanos.

Se ha negado a decir si él o sus hermanos trabajaron con la CIA.

La agencia también declinó todo comentario.

En la actualidad, sobre todo a través de la Fundación Nacional a Favor de la Democracia (NED) y otros conductos que suenan más respetables que la CIA, el Congreso de EEUU sigue destinando más de 2 millones de dólares al año a tibetanos en India, y más millones para “actividades democráticas” dentro de la comunidad exiliada tibetana.

El Dalai Lama también recibe dinero del financista George Soros, que ahora maneja la Radio Europa Libre/Radio Libertad, creada por la CIA, y otros institutos.

Un artículo de 1999 en el Washington Post señalaba que el Dalai Lama sigue siendo venerado en Tibet, pero... pocos tibetanos saludarían el retorno de los corruptos clanes aristocráticos que huyeron con él en 1959 y que incluyen al grueso de sus asesores.
Muchos agricultores tibetanos, por ejemplo, no tienen interés en devolver a los clanes las tierras que obtuvieron gracias a la reforma agraria china.

Los antiguos esclavos de Tibet dicen que ellos tampoco quieren que sus antiguos amos vuelvan al poder.

La CIA, patrocinadora del Dalai Lama

Escrito por Jean-Paul Desimpelaere Traducido por Juan Vivanco

Jean-Paul Desimpelaere es redactor de Solidaire (http://www.solidaire.org/), el semanario del Partido del Trabajo de Bélgica. Ha sido administrador de la Association Belgique-Chine de 1982 a 1998 y fundador y director de la agencia «Voyages Belgique-Chine» de 1985 a 1998. Está especializado en el estudio del Tíbet.

Cuando Patrick French era director de la «Free Tibet Champaign» (Campaña por la independencia del Tíbet) en el Reino Unido, fue el primero que pudo consultar los archivos del gobierno del Dalai Lama en el exilio.

Se llevó una sorpresa.

¿Liquidaron los chinos a los tibetanos?

Llegó a la conclusión decepcionante de que las pruebas del genocidio tibetano perpetrado por los chinos se habían falsificado, así que dimitió de inmediato como director de la campaña por la independencia del Tíbet (1).

En los años sesenta, bajo la dirección del hermano del Dalai Lama, Gyalo Thondrup, se habían recogido testimonios entre los tibetanos refugiados en India.

French comprobó que las cifras de muertos se habían añadido al margen posteriormente.

Otro ejemplo: un mismo choque armado narrado por cinco refugiados distintos se había contabilizado cinco veces.

Mientras tanto, la cifra de 1,2 millones de muertos por culpa de los chinos había dado la vuelta al mundo.

French afirma que eso es sencillamente imposible, ya que todas las cantidades correspondían a hombres y entonces sólo había 1,5 millones de tibetanos varones, por lo que hoy en día apenas quedarían unos pocos.

Pero la población ha aumentado hasta cerca de 6 millones de habitantes, el doble que en 1954.

Una cifra proporcionada tanto por el Dalai Lama como por las autoridades chinas, esta vez asombrosamente de acuerdo.

Los observadores internacionales (el Banco Mundial, la Organización Mundial de la Salud) también avalan estas cifras; sin embargo, todavía hoy el Dalai Lama sigue diciendo que los chinos fueron los causantes de la muerte de 1,2 millones de tibetanos.

¿Es el Dalai Lama una especie de papa del budismo mundial?

Conviene poner las cosas en su sitio.

El 6 % de la población mundial es budista.

Es poco.

Además, el Dalai Lama no es el representante del budismo zen (Japón) ni del budismo del sureste asiático (Tailandia) ni del budismo chino.

El budismo tibetano representa solamente la sexagésima parte (1/60) de ese 6 %.

Por último, en el Tíbet hay cuatro órdenes monásticas separadas.

El Dalai Lama pertenece a una de ellas, la «gelugpa» (sombreros amarillos).

Es decir, estamos ante un papa con pocos fieles religiosos pero muchos adeptos políticos.

¿Quiénes son los patrocinadores?

De 1959 a 1972:

- 180.000 dólares anuales para sus gastos personales, en las hojas de pago de la CIA (documentos desclasificados por el gobierno norteamericano; el Dalai Lama lo negó hasta 1980), y

- 1,7 millones de dólares anuales para organizar su red de solidaridad internacional.

Después se pagó la misma cantidad a través de la NED, una organización no gubernamental norteamericana cuyo presupuesto depende del Congreso.

El Dalai Lama dice que sus hermanos administran «sus negocios».

La CIA reclutó a sus dos hermanos, Thubten Norbu (un lama de rango superior) y Gyalo Thondrup en 1951, al primero para recaudar fondos y dirigir la propaganda y al segundo para organizar la resistencia armada.

La bomba atómica india: el Buda sonriente
Desde el principio, es decir, cuando resultó evidente que la revolución china triunfaría en 1949, USA trató de convencer al Dalai Lama para que se exiliara.

Pusieron a su disposición el dinero y la logística necesarios.

Pero el Dalai Lama y su gobierno querían que USA mandara un ejército al Tíbet como había hecho en Corea, y la propuesta les pareció demasiado blanda (Modern War Studies, Kansas University, USA, 2002).

A pesar de todo los norteamericanos lograron convencer al Dalai Lama de que se exiliara en 1959, pero aún había que convencer a India para que le concediera asilo.

Eisenhower le propuso un «cambalache» a Nehru: India aceptaría al Dalai Lama en su territorio a cambio de una beca a 400 ingenieros indios para que se iniciaran en la «tecnología nuclear» en USA.

El trato se cerró (2).

En 1974 la primera bomba A india recibió el apodo cínico de… «buda sonriente» (3).

(1) Tibet, Tibet, P. French, Albin Michel, 2005.
(2) El comandante William Corson, responsable de las negociaciones, Press Trust of India, 10/8/1999.
(3) Raj Ramanna, ex director del programa nuclear de India, 10/10/1997, Press Trust of India.


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El Dalai Lama y el lider del comunismo chino Mao Tze tung

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 Asunto: Re: EL DALAI LAMA DEVELADO
NotaPublicado: Dom Sep 01, 2013 7:52 pm 
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Estupendo trabajo mago Anagarika, enhorabuena.


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 Asunto: Re: EL DALAI LAMA DEVELADO
NotaPublicado: Lun Sep 02, 2013 11:43 am 
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Muchas gracias por el apoyo amigo ;)

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 Asunto: Re: EL DALAI LAMA DEVELADO
NotaPublicado: Mar Sep 03, 2013 1:54 pm 
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Historia del budismo tibetano

La historia del budismo tibetano revela que en el siglo XIII, fue el emperador Kublai Khan quién creó al primer Gran Lama.

El primer Dalai Lama fue instalado curiosamente por un ejército chino varios siglos más tarde.

Este se auto otorgó el título de Dalai Lama, gobernante de todo Tibet, se apoderó de monasterios que no pertenecían a su secta y destruyó escrituras budistas originales que no apoyaban su carácter divino (40).

El Dalai Lama siguiente “desapareció” y lo mismo sucedió con otros cinco Dalai Lamas cuya condición de reyes - dioses no les libró de perecer a manos de sus sacerdotes (41).

Estos incidentes no son monopolio de los líderes espirituales Tibetanos.

En Roma el Papa Juan X amante de Teodora fue estrangulado en su lecho y Juan XII fue asesinado en casa de su amante como relata Voltaire en su “Diccionario filosófico” (Akal Madrid. página. 434.)

Así que, el budismo oficial presidido por el Dalai Lama fue instaurado militarmente por el emperador de China, y empezó sus andanzas robando a otros budistas y falsificando la historia del budismo.

Siguiendo este glorioso comienzo, desde principios del siglo XVII hasta bien comenzado el XVIII, sectas budistas tibetanas en competencia emprendieron hostilidades armadas y ejecuciones sumarias (42).

La violencia en el budismo tibetano no fue un caso aislado.

Ya en el siglo XX en Tailandia a Birmania a Corea y Japón, los budistas han luchado entre si y contra no - budistas en nombre de sus particulares concepciones del budismo (43).

Y, más recientemente, en Corea del Sur miles de monjes de 2 facciones de la orden budista Chogye combatieron con puños, piedras, garrotes y cócteles Molotov durante semanas, destruyendo parcialmente los principales santuarios budistas disputándose un presupuesto anual de 9,2 millones de dólares, propiedades y privilegios (44).

Así que es preciso reconocer que el budismo, y especialmente el tibetano, no se ha librado completamente de la violencia contra la que predica haciendo realidad el dicho:

“A Dios rogando y con el mazo dando”.

Pero es evidente que sería tan absurdo identificar estas aberraciones con el budismo como identificar a la inquisición con el cristianismo.

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http://www.editions-harmattan.fr

El budismo tántrico tibetano es la ultima rama del budismo (siglo VI después de Cristo) considerada como la más alejada del budismo original (siglo VI antes de Cristo).

Ninguna otra rama ha combinado el budismo con el poder material teocrático total.

De hecho el budismo tibetano es una traición.

En el budismo original conceptos como divinidad y paraíso extraterrenal, por no hablar del carácter divino de sus sacerdotes e incluso de su autoridad “espiritual” contra los que se había rebelado el propio Buda que afirmaba:

”No creáis una cosa porque que muchos hablen de ella, no creáis en la fe de los tiempos pasados, no creáis en nada bajo a única autoridad de vuestros sacerdotes y de vuestros maestros. Tras examinarlo, creed en lo que vosotros mismos hayáis experimentado y reconocido como razonable, que esté conforme a vuestro bien y al de los demás” Buda.

Además el budismo tibetano introduce dogmas como el de la reencarnación contra el que el propio Buda se rebeló explícitamente.

El dogma de la reencarnación es introducido por el budismo tibetano desde el siglo XIV, entre otras cosas para oficializar la transmisión hereditaria del poder de los Rimpoché (responsables de monasterios feudales) y luego del Dalai Lama.

El poder no es sólo espiritual; es también político y material; atesoraban tierras, siervos, esclavos, riquezas.

El budismo tibetano se ha caracterizado además por un ostensible desprecio de los derechos humanos más elementales, y es una auténtica obscenidad que ahora sus líderes se nos presenten como paladines de ellos.

Para empezar, la sociedad tibetana era todavía más desigual que la sociedad europea en la Edad Media y encima tenían prohibido usar vehículos con ruedas.

Las ruedas estaban absurdamente prohibidas por la religión budista tibetana a pesar de que los chinos inventaron la carretilla en el siglo I antes de J.C. y que sólo se utilizó en Occidente en el siglo XIII (45, 46).

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La teocracia tibetana prohibió el uso de la rueda porque es uno de los símbolos budistas, la rueda del Dharma.

El 70 % de las tierras pertenecían a los monasterios y el resto a la nobleza (47).

Es decir que era prácticamente lo mismo, ya que los lamas de rango superior, generalmente, provenían de familias nobles aristocráticas.

En contraste la gran mayoría de los monjes venían de los siervos campesinos pobres.

Estos muchas veces eran robados a sus familias, y los monasterios se convertían para ellos en cárceles que no podían abandonar, y donde además de trabajar para los lamas ricos tenían que soportar toda clase de maltratos incluyendo violaciones pederastas, etc.

Un monje, Tashì-Tsering, contó que “era práctica común en los monasterios que los niños campesinos sufrieran abusos sexuales y que él mismo fue víctima de repetidas violaciones cuando era niño al poco tiempo de ser llevado al monasterio a los nueve años” (48).

Heinrich Harrer que vivió en el Tíbet describe el ambiente general que reinaba allí antes de su nueva anexión por China.

Su testimonio es interesante porque no puede tachársele precisamente de comunista ya que era un nazi reconocido.

Harrer en Lassa:

“Los monjes desconfían de cualquier cosa que pueda poner en peligro su dominación… cualquiera que ponga en cuestión su poder es castigado” (49).

Incluso la violencia puede ser totalmente gratuita.

Harrer describe una escena dantesca tras una procesión religiosa:

“Los monjes descargaron a ciegas sus bastones sobre a muchedumbre… vertieron recipientes de un líquido hirviente sobre la gente que aullaba de dolor; aquí uno con la cara quemada, allí otro gimiendo molido a golpes”.

“Los castigos pueden caer sobre la familia del responsable de un delito incluso bastante leve véase imaginario”.

“Y también en delitos menores como el juego “los monjes son inexorables… más de una vez ha sucedido que alguien muriese tras la flagelación de rigor, la pena habitual”.

Para delitos mayores, como a los responsables de las frecuentes “revoluciones militares” y “guerras civiles” que caracterizaban la historia del Tíbet antes de la re anexión (la última fue en 1947) ”se les reventaban los ojos con una espada” (50).

Algunos monasterios tenían sus propias prisiones privadas.

Anna Louise Strong en 1959 relata su visita a una exhibición de equipos de tortura utilizados que envidiaría la misma Inquisición.

(Un Tibetano cegado por la tortura, la piedra se colocaba en la cabeza para facilitar la operación Instrumentos de tortura en Tibet: http://spanish.china.org.cn/china/txt/2 ... 504038.htm )

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Instrumentos de tortura tibetanos.
http://spanish.china.org.cn/china/txt/2 ... 504038.htm

”Había esposas de todos los tamaños, incluyendo pequeñas para niños, e instrumentos para cortar narices y orejas, y quebrar manos. Para arrancar los ojos, había un gorro especial con dos agujeros que era presionado sobre la cabeza de manera que los ojos aparecían a través de los agujeros y podían ser arrancados con más facilidad. Había instrumentos para cortar las rótulas de las rodillas y los talones, o para cortar los tendones de las piernas. Había hierros de marcar, látigos, e implementos especiales para destripar” (51).

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Tibetano al que se le cortaron los tendones.
http://spanish.china.org.cn/china/txt/2 ... 4038_3.htm

Este paraíso de los horrores contenía fotografías y testimonios de víctimas que habían sido cegadas o lisiadas, o que habían sufrido amputaciones por robo y de nuevo es Harrer quien nos lo relata.

“Estaba el pastor cuyo amo le debía un reembolso en yuan y trigo pero que se negaba a pagar. Así que se apoderó de una de las vacas del amo, y por haberlo hecho le cortaron las manos. A otro pastor, que se oponía a que el señor le quitara su mujer, le quebraron las manos. Había fotos de activistas comunistas a los que les habían cortado las narices y los labios superiores y de una mujer que fue violada y a la que después le cortaron la nariz”(52)

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Tibetano mutilado sostiene la mano que le fue amputada.
http://spanish.china.org.cn/china/txt/2 ... 4038_2.htm

Como las enseñanzas budistas prohíben quitar la vida humana, los monjes solucionaron este pequeño inconveniente torturando a los que infringían su inhumana ley, y luego “dejándolos a la merced de Dios” en la noche helada para que murieran (53).

Pero esta caritativa actitud al parecer no siempre se practicaba; Heinrich Harrer por ejemplo cuenta lo siguiente:

“Se me refirió el ejemplo de un hombre que había robado una lámpara dorada en un templo de Kyirong… Se le cortaron las manos en público y su cuerpo mutilado pero aún vivo fue envuelto en una piel de de yak mojada. Cuando dejo de sangrar se le tiró por un precipicio” (54)

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Tibetana exibe la mano cortada de su marido antes de enterrarlo vivo.
http://spanish.china.org.cn/china/txt/2 ... 4038_4.htm

Las consecuencias de estas salvajadas son las previsibles pues, incluso gentes privadas de todo, conservan el sentido común.

Un antiguo siervo, Tsereh Wang Tuei, había robado dos ovejas propiedad de un monasterio y por eso le arrancaron sus dos ojos y le mutilaron la mano, por orden de un santo lama.

Explicó a Stuart y Roma Gelder que ya no es budista.

“Cuando un santo lama les dijo que me cegaran pensé que no hay bien alguno en la religión” (55).

Madam Blavatsky

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La imagen idealizada del Tíbet proviene de personajes como la aristócrata rusa Helena P. Blavatsky (alias Madam Blavatsky) que con Anie Bessan se interesaron por el budismo tibetano.

Fundaron la sociedad teosófica que contribuyó a la mitificación del esoterismo lamaísta a finales del siglo XIX (56).

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La francesa Alexandra David Neel que fue la primera mujer occidental que viajó a Lhasa a principios del siglo XX (1912) cuenta cómo desde 1846 la capital estuvo cerrada, a pesar de que los Chinos animaban a que se abriera, e incluso varios edictos del gobierno Chino de 1901 declaraba el Tibet abierto a los extranjeros.

Relata también, tras repetidos intentos frustrados de llegar a Lhasa (a donde finalmente llegó disfrazada de mendigo), que los británicos eran responsables de esa política y se indigna de ello en la página 10 de la introducción en la edición de 1927 “Voyage d´une parisienne a Lhassa “.

“Por qué una nación que se llama cristiana (se refiere a Inglaterra) prohíbe a los que predican el Evangelio entrar en un país en el que es libre para enviar sus tropas y vender sus fusiles”(57, 58)

Años después los nazis de Hitler quedaron fascinados por “el poder ilimitado de la jerarquía Tibetana”, como escribe Heinrich Harrer.

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De hecho fue el mismo Heinrich Harrer, identificado posteriormente como sargento de las SS (59), quien tras haber pasado años en el Tibet y llegar a ser asesor personal de su actual santidad el Dalai Lama cuando era niño, escribió un libro que se convirtió en un bestseller titulado “Siete años en el Tibet” .

Este libro luego sirvió de base al bodrio propagandístico de la famosa película de Hollywood que lleva el mismo nombre.

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En su obsesiva búsqueda del origen de la raza superior “aria”, naturalmente, el Tercer Reich se interesó por el Tíbet .

Cuando en 1939, el SS austriaco Harrer penetró en el Tíbet y se encontró con el Dalai Lama escribió: “Su carne era mucho más clara que las de los tibetanos e incluso más que la de los aristócratas tibetanos… por primera vez me encontré solo con un hombre blanco” (60).

La elite nazi de los SS, la orden negra, Himmler, Heydrich, Hauschoffer, Hess y el mismo Hitler la Sociedad Secreta Thule o la Vril también mostraron un profundo interés por el esoterismo oscurantista tibetano.

Frecuentemente recurrían a videntes como Erick Hanussen y un monje tibetano (61).

Los nazis adoptaron como emblema uno de los símbolos más antiguos del Tíbet: la cruz gamada, que desde el siglo XIX había sido considerada como símbolo de la pureza racial en Alemania.

En 1891 Ernest Kraus afirmó que la cruz gamada era un símbolo exclusivamente ario, idea que fue retomada entusiastamente por los nazis.

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Novelas como la de James Hilton en ‘Horizontes perdidos’ idealizaron al Tíbet y el mito del Shangri-la (62).

Estafadores que se hicieron pasar por monjes como Lobsang Rampa, que era inglés y nunca había visto el Tíbet más que en fotos, mantuvieron el mito de su profundo conocimiento esotérico que incluía restos de civilizaciones desaparecidas con momias de 3 metros (63).

La “budomanía” fue creciendo en los años 60, al igual que la “hindumanía” con la venida a Occidente de gurús de pelajes diversos como el de los Beatles.

Siempre haciendo oídos sordos a los hechos en contradicción con lo que predicaban, y olvidando que las sociedades en las que originalmente se basaron estas creencias imponían las castas, el racismo e incluso admitían la esclavitud.

En este contexto unos años después llegó al supermercado espiritual de occidente el Dalai Lama promocionado por la CIA, sus agencias encubiertas como la NED y varias ONG´s.

Luego vino el culto al libro tibetano de los muertos, Bardo Thodol, (que en realidad significa “Liberación mediante la audición en el plano posterior a la muerte”) promocionado por psicólogos norteamericanos para guiar los viajes de LSD durante los años 60 (64).

Sin olvidar el yoga tántrico, convertido en moda, que contribuye a hincharnos las pelotas (en todos los sentidos) incluso desde la tele.

Más tarde llegó el lavado de cerebro de la “New age” que seguimos padeciendo, para convencernos de que debemos dedicarnos a nuestro desarrollo espiritual y dejar los “despreciables asuntos mundanos” en manos del Pentágono, de las multinacionales y sus bancos internacionales.

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 Asunto: Re: EL DALAI LAMA DEVELADO
NotaPublicado: Mar Sep 03, 2013 1:56 pm 
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El Dalai Lama y el sectarismo del budismo tibetano

El Dalai Lama es el representante de una de las cuatro órdenes monásticas separadas que hay en el Tíbet, llamada la “Gelugpa” (sombreros amarillos).

El Dalai Lama no es el representante del budismo Zen (Japón) ni del budismo Theravada del sureste asiático (Birmania, Tailandia, etc.) ni del budismo Chan (China), ni del budismo Seol (Corea), etc.

El budismo tibetano representa solamente la sexagésima parte (1/60) del budismo en el mundo.

Se concluye que el budismo tibetano es sólo una minoría dentro de las diversas tradiciones budistas en el mundo y a lo largo de la historia.

Sin embargo su omnipresencia mediática del Dalai Lama, que es más propia de un político que candidatea para un cargo público que de alguien que se dice ser un monje budista, hace creer al mundo que él es el representante de todo el budismo en el planeta.

Fomenta las alianzas estratégicas de las sectas y organizaciones budistas tibetanas con diversas sectas de la nueva.

También fomenta entre las sectas y organizaciones budistas tibetanas el brindar costosísimas conferencias o retiros espirituales con el objetivo que estos sirvan de filtro para captar busca a la mayor cantidad posible de occidentales adinerados.

Esta estrategia política no solamente termina aquí sino que se extiende hacia la misma doctrina budista, aplicando métodos sectarios para colocar la doctrina del budismo tibetano como superior, más perfecta o “más elevada” que las demás (en especial la doctrina tibetana del Dzogchen y del Mahamudra) de esta manera el Dalai Lama les vende a los occidentales interesados en aprender el budismo , el método “más rápido” para alcanzar la iluminación budista en corto tiempo de esta forma logra reclutar a muchos occidentales millonarios e influyentes a las organizaciones budistas tibetanas, para contar con un mayor apoyo político y económico y así buscar la manera para nuevamente colocarse a la cabeza de la abolida organización teocrática y feudalista del Tibet junto con sus más importantes amigos tibetanos.

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 Asunto: Re: EL DALAI LAMA DEVELADO
NotaPublicado: Mar Sep 03, 2013 2:02 pm 
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El Dalai Lama y el Dzogchen

Entre las amistades estratégicas del Dalai Lama no solo tenemos a ex -presidentes de las más poderosas naciones sino también a varios Lamas e influyentes Maestros:

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El Dalai Lama con el Maestro Chögyal Namkhai Norbu, líder de la Comunidad Internacional de Dzogchen: http://www.dzogchen.es/

El Dzogchen es una de las doctrinas del budismo tibetano publicitadas como la mejor de todas para alcanzar el “despertar súbito” o la iluminación budista en esta vida, sin embargo si esto fuese verdad quienes enseñan dzogchen serían unos auténticos Budas y no necesitarían cobrar tan altos precios por vender sus enseñanzas a través de costosos libros, conferencias y retiros espirituales, es importante señalar aquí que Buda jamás cobro un centavo a nadie por brindarle sus enseñanzas.

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 Asunto: Re: EL DALAI LAMA DEVELADO
NotaPublicado: Mié Sep 04, 2013 4:10 am 
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Registrado: Jue Feb 02, 2012 8:22 am
Mensajes: 147
Es interesante tu información sobre el Dalai Lama pero me parece que peca de parcialidad, parece hecha por el gobierno chino. Esta claro que el Tibet de antes de la ocupación china no era precisamente un paraiso. Pero es como si te viene a liberar de tu esclavitud Jack el destripador. La ocupación comunista supuso instalar un regimen de terror que asesino y torturo a miles de personas, que realizó un genocidio de la cultura tibetana que perdura hasta hoy día.
Si el pueblo tibetano estuviera tan contento de haber sido "liberado" por los chinos, no habría los disturbios y protestas que hay periodicamente pese a lo difícil que es protestar en China.


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 Asunto: Re: EL DALAI LAMA DEVELADO
NotaPublicado: Mié Sep 04, 2013 8:27 am 
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Registrado: Mié Sep 07, 2011 9:46 pm
Mensajes: 501
Ubicación: Tengo mi casita en la parte mas profunda del abismo feliz
La historia ha demostrado que un sistema opresor es abolido por otro y en el caso del comunismo no es la excepcion.

Sin embargo negar la manipulacion politica, doctrinal y mediatica del Dalai Lama significa seguir engañado.

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“La duda es el camino, hasta que encuentras la verdad”


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 Asunto: Re: EL DALAI LAMA DEVELADO
NotaPublicado: Mié Sep 04, 2013 10:31 am 
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Registrado: Dom May 23, 2010 8:40 am
Mensajes: 325
EL AMAUTA ILLAPU escribió:
La historia ha demostrado que un sistema opresor es abolido por otro y en el caso del comunismo no es la excepcion.

Sin embargo negar la manipulacion politica, doctrinal y mediatica del Dalai Lama significa seguir engañado.


Totalmente de acuerdo contigo Amauta, sistemas totalitarios y opresores, democracias corruptas cuyos governantes asaltan las arcas publicas y evaden capital a costa de los impuestos de los ciudadanos.

Y acompañando todo este elenco, las religiones que nos venden el "cielo" y nos mandan al "infierno".


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 Asunto: Re: EL DALAI LAMA DEVELADO
NotaPublicado: Mié Sep 04, 2013 11:47 am 
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Registrado: Jue Jul 05, 2012 9:46 pm
Mensajes: 235
Señor Mago, sería tan amable de publicar la página que ha sacado sus artículos? creo que tengo una, espero su respuesta.

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Toda la naturaleza es una formidable pugna entre la fuerza y la debilidad, una eterna victoria del fuerte sobre el débil!


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